Cuando protegemos el océano, el océano nos protege

Por Jorge Oviedo

Director Ejecutivo del Fondo Ambiental de El Salvador

Especialista en finanzas para la conservación

El océano no es solo el borde de nuestro país: bajo su superficie se está jugando una parte decisiva del futuro de El Salvador. En sus arrecifes, manglares y ecosistemas marino-costeros tenemos uno de los activos naturales más estratégicos del país, capaz de sostener nuestra biodiversidad, la seguridad alimentaria, la economía local, el turismo sostenible y la resiliencia a las variaciones del clima. Por eso, reconocer su valor es el punto de partida para considerar su protección como una inversión a largo plazo.

Desde las finanzas para la conservación, reconocer el valor de los océanos es apenas el punto de partida. El verdadero desafío es financiar su protección con una visión de largo plazo: movilizar más recursos, ordenar prioridades, fortalecer capacidades locales y traducir cada inversión en conocimiento científico, restauración, protección efectiva y oportunidades para las comunidades costeras.

Para que esa protección sea viable, el país necesita mecanismos capaces de sostenerla a lo largo del tiempo. Uno de esos mecanismos es el Programa Océanos del Fondo Ambiental de El Salvador (FIAES), financiado con recursos del Acuerdo para la Conservación de Bosques Tropicales y Arrecifes de Coral firmado entre los gobiernos de El Salvador y los Estados Unidos (TFCCA, por sus siglas en inglés).  A través de un plan estratégico a diez años, este instrumento canaliza recursos hacia la investigación, la conservación, la protección y la restauración de ecosistemas clave. En ese marco, solo en el componente de arrecifes de coral la inversión proyectada asciende a USD 14,7 millones, dentro de un esfuerzo integral que también incorpora bosques tropicales y que alcanzará aproximadamente USD 20 millones en la próxima década. Esta iniciativa cuenta con la visión estratégica y una articulación permanente con el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), como rector de la política ambiental nacional. Asimismo, con otras agencias gubernamentales vinculadas con el recurso costero marino, las municipalidades costeras, las comunidades locales, la academia, el sector privado y la cooperación internacional para el mejor desarrollo del programa.

Los Cóbanos en Sonsonate, Costa del Bálsamo en La Libertad y Punta Amapala, en el Golfo de Fonseca, son solo algunos de los territorios priorizados por el programa por la existencia de arrecifes rocosos en la costa salvadoreña. Cada día, en estos parajes podemos apreciar como la salud del océano se traduce directamente en vida, alimento, empleo y resiliencia. Allí, conservar no significa únicamente proteger especies o paisajes; también implica fortalecer la productividad pesquera, cuidar ecosistemas costeros esenciales y abrir más oportunidades de desarrollo sostenible para las comunidades.

El programa posee una fuerte capacidad para convertir recursos financieros en acción ambiental concreta. Implica realizar investigación oceanográfica para conocer mejor nuestros arrecifes, monitorear su salud y la calidad del agua, tomar decisiones basadas en evidencia, restaurar corales para recuperar ecosistemas degradados y fortalecer áreas naturales protegidas para mejorar su gestión. Además, implica formar guardarrecursos y guías comunitarios, y fortalecer los procesos de educación ambiental, porque la conservación solo se sostiene cuando echa raíces en el territorio.

El financiamiento ambiental cobra valor cuando forma y fortalece capacidades instaladas. Ciencia para decidir mejor, restauración para recuperar ecosistemas, gobernanza para ordenar el uso de los recursos y participación comunitaria para sostener los resultados a lo largo del tiempo. La conservación real no se mide solo por lo que se financia, sino por lo que sigue funcionando en beneficio del país.

Más allá de sus beneficios ambientales, el Programa Océanos representa una inversión estratégica para la sostenibilidad de las políticas públicas y para la seguridad económica del país. El Salvador está impulsando importantes inversiones en turismo, infraestructura, desarrollo urbano, logística y actividades productivas en las zonas costeras. La sostenibilidad de estas inversiones depende de la salud de los ecosistemas costero-marinos que las sustentan. Los arrecifes de coral, manglares y estuarios funcionan como una verdadera infraestructura natural: amortiguan el impacto de tormentas, reducen la erosión costera, protegen comunidades e inversiones y sostienen actividades económicas fundamentales. La salud de estos ecosistemas disminuye los riesgos para las personas, para el sector productivo y para las inversiones públicas y privadas. Por ello, conservar los océanos y sus ecosistemas es una decisión estratégica para garantizar el desarrollo sostenible y la competitividad del país.

Proteger los océanos también exige mirar tierra adentro. La salud del mar se define, en buena medida, por las cuencas, los ríos, los manglares, los bosques y los humedales que se conectan con él. Por eso, una visión de conservación integral también debe abarcar la cuenca del mar: paisajes productivos resilientes, que generen empleo y bienestar pero que ayuden restaurar manglares, recuperar canales, mejorar la conectividad entre los ecosistemas, monitorear los recursos pesqueros y promover prácticas productivas sostenibles. Solo así la protección marina se convierte en una estrategia territorial con raíces.

El Programa Océanos de FIAES demuestra que la conservación y el desarrollo pueden avanzar de la mano. No se trata únicamente de proteger arrecifes, manglares o especies marinas; se trata de proteger a las personas, las comunidades, las actividades productivas y las inversiones que dependen de ellos. Cada paisaje marino restaurada, cada área protegida fortalecida y cada comunidad involucrada representan una inversión en resiliencia, bienestar y prosperidad para El Salvador.

El país tiene una oportunidad histórica para consolidar una economía azul más resiliente, competitiva y sostenible. Para lograrlo, debemos comprender una verdad fundamental: proteger los ecosistemas costero-marinos es una de las inversiones más inteligentes que podemos realizar. Porque cuando protegemos el océano, el océano nos protege a nosotros. Protege nuestras vidas, nuestra economía, nuestras inversiones y nuestro futuro.

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